Quién es y cómo escribe Fran Picón

FRANCISCO J. PICÓN

Madrid, 1964. Afincado en Zaragoza desde 1966.

Director de la Colección de Poesía Contemporánea “Con-versos” de la Editorial Quadrivium. Elabora su propio blog “Con la vida a cuestas” (http://loreajan.blogspot.com), incluido en su página Web: www.franpicon.es

Ha publicado: “Desde mi i…marginación”, Egido Editorial, 2003; “Con la vida a cuestas”, Editorial Quadrivium, 2009; “Alambique de vestigios”, Editorial Quadrivium 2011; “Frunces en la rima”, Editorial Sabara 2012 (Edición digital y en papel); “Improntas a dos voces”, Editorial Quadrivium (A dos voces con Mayte Guerrero); “Instantáneas entre penumbras”, Olifante Ediciones de Poesía, 2016; “69 poemas”, Editorial Quadrivium, 2019 (A tres voces, con Miguel Ángel Yusta y Fernando Sarría); “Poemas de la espera”, Editorial La Herradura Oxidada, 2020; “Pellem: In deversorium sensuum”, Editorial Lastura, 2021.

Participa en tertulias (entre ellas la Tertulia Poética Transversores, de la que es fundador, junto a Belén Mateos, Mar Blanco, Carolina Millán, Miguel Ángel Yusta y Fernando Sarría) presentaciones y múltiples actividades literarias

Director y copresentador (junto a Mar Blanco) del programa “Con versos en la noche” de TEA FM.

Socio fundador (junto a Belén Mateos, Mapi P. Freixas, Mar Blanco y Samuel Trigueros) de APAB, Asociación Poética Aragonesa Bonhomía, de la que es Secretario

ESTA NOCHE

Esta noche, entre las sábanas

que resguardan con mimo mis recuerdos,

he coqueteado con tu piel

y ha vuelto aquel escalofrío

que invariablemente atraviesa mi cuerpo

al sentir tu desnudez

entregada a mis caricias.

Los besos saben distinto

al calor de las añejas farolas

que pueblan Montmartre;

el aroma de aquel café

en la barra de la cantina

donde desgajamos los pudores

sigue habitando en mis sentidos

al recordarte.

Fue en París,

pudo suceder en cualquier otra ciudad,

pero lo cierto es que mis pupilas

continúan hilvanando tu trazo

en los parques de Les Champs Elysees

mientras

Hasta las suelas de mis zapatos te echan de menos

(Joaquín Sabina)

En los caminos no había marquesinas

donde apaciguar el calor de los recuerdos;

apenas la sombra de un viejo roble

retorcido en floemas de indiferencia,

junto a ese viejo charco de lágrimas ausentes.

El polvo se incrustaba entre las uñas

de aquellas cansadas sandalias de cuero,

y un aroma a humedad reseca

se depositaba en cada rincón de la huida.

Ni tan siquiera la sombra de las suelas de mis zapatos

acompañaba mi destierro hacia el después,

ni los viejos cordones que desertaron

de mis tobillos recordaban quien soy.

En los caminos no estaba tu estela,

ni en los abrevaderos del silencio

se saciaba la sed de tu vientre.

Ese viejo roble donde abandoné mis sandalias

es el único retrato que conservo

en las alforjas de mi memoria.

s mis brazos perfilaban tu cintura.

DESNUDO,

sin más abrigo que una duda en la planta de los pies descalzos,

sin más amparo que una bufanda de hielo circunvalando mi cintura,

sin más compañía que una sombra que se pierde en los rincones.

Es, ahora, cuando compruebo las ausencias en los armarios

con el silencio tamborileando inoportuno en las habitaciones vacías,

es ahora, digo, y repito para cincelarlo en mi piel,

cuando el desarraigo habita las aceras de mi intimidad

y una nube de lágrimas derramadas se hace fuerte en el cielo de mis derrotas.

Y ese frío, feroz y punzante, acomete las arrugas de mi pecho

escarchando los latidos sin dueño de un corazón hecho herida;

un aliento de cierzo desbocado anega mis palabras de fiascos

en el mismo instante en que acentúo ese verbo que me sustantivaba.

Desnudo, sí, abrigado de soledades e intemperie,

transito los renglones de tu cuerpo en mi memoria

sin más compañía que una sombra que se pierde en los rincones.

Siempre es nunca cuando nada importa.

Siempre es esa palabra que traspasa el límite

de lo cierto para ponerse el traje del misterio.

Siempre voy a estar a tu lado,

hasta que un nunca se olvide de las promesas.

Y si no me dañas, siempre te voy a querer,

hasta que un alguien me recuerde que no siempre

se cumplen los compromisos,

salvo que sean a tiempo parcial.

Hay veces que siempre es un verano adolescente

y otras en las que nunca es lo más parecido

a toda una vida.

Por más que digas siempre cada mañana amanece

y en las noches de invierno, cuando la adolescencia

ya es un recuerdo, en las que la luna ya no está llena

y la bruma cubre los rincones de lo cotidiano,

en esas noches de invierno, siempre no es más

que esa sensación de calor que te dan las estufas

y nunca es el frío que agoniza entre los dedos.

ENTRE LA NIEBLA

he visto un pájaro herido e indefenso,

en sus alas habitaban las cicatrices del hombre

y en su pico agonizaba el grito de la Tierra.

Había pisadas de ausencias

en las aceras de una ciudad que olvida

y absorbe las miradas a golpes de indiferencia;

no existía rastro alguno de aquel gesto cómplice

que se perdió en las esquinas del tiempo.

En un paraguas se escondían las palabras,

esas palabras no pronunciadas que habitan el miedo

y tiemblan entre los labios del que no sabe callar.

He mirado a ese pájaro herido e indefenso,

he extendido sus alas;

ha intentado volar y ha rendido su cielo

al infierno de la memoria.

Una lágrima ha surcado el océano de mi soledad

y se ha depositado en la comisura de mi voz.

En las aceras de una ciudad que olvida

se han encendido luces de neón

difuminando la niebla.

Muere el pájaro herido y se lleva con él

las cicatrices del hombre y ese grito que agoniza

en los confines de una Tierra de silencio.

Un armario al fondo de la habitación,

en el rincón más sombrío de la memoria,

esconde el espectro de lo que nunca fue,

el vestigio insospechado de quien no fui.

En una estantería se acomodan las palabras,

las que dije sin pensar, las que pensé y no dije,

separadas del silencio por una chalina de torpeza.

Tiene un cajón repleto de caricias perdidas

y de ese guiño al tiempo que materializa mi edad;

hay perchas en las que permanecen colgadas

cada una de las mudas de mi piel,

y en el lugar más inaccesible a tu mirada

permanece escondido el último resquicio de mi orgullo.

Gamoneda tiene un armario lleno de sombras

y yo, que apenas soy un aprendiz de hombre,

huyo de los armarios por miedo a descubrir quien soy.

Concluyó esta entrada igual la revesitamos con una pequeña entrevista con un grupo de flamenco fusión que él tuvo bien a presentarme 42 gramos. Les dejo con una canción de este fenomenal grupo zaragozano

Si quieren saber más sobre Fran J. Picón su web https://franpicon.es

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