Poemas de Ángel Guinda

¿Quién de mi soy mi prójimo,

invento las catástrofes,

el zarpazo del beso?

¿Quién soy el hombre y la mujer,

el niño y el anciano,

el cobarde y el héroe,

el asesino, la policía,

la enfermedad del médico?

¿Quién Dios, látigo, humo?

¿Quién de mi ha muerto? ¿Y quién

espera aún nacer, no morirá?

De vida ávida

ME HE FUMADO LA VIDA

Me he fumado la vida

como el tiempo

se me ha fumado a mí.

Mirad esta laringe, esta tráquea,

estos bronquios y pulmones

ametrallados por la nicotina.

He fumado los gases subtárraneos

del Metro en sus andenes;

el aire de Madrid, sucio

como una traición a la luz más hermosa;

las nevadas del yeso en las pizarras,

la hoguera negra de los tubos de escape,

las hojas secas de la marihuana,

el asfalto, la niebla, la humedad,

la avellana tan blanda de los clítoris,

la espesa polvareda de lo siniestro

cuando huía de mi sombra,

y mi vida hecha polvo,

y el polvo que seré

bajo el árbol secreto de la muerte.

De conocimiento del medio

EN RESPUESTA A UNA JOVEN

Con el paso de los años la paleta de Goya se vuelve más oscura

Con el paso de los años uno comienza a arrojar lastre: pierde altura, oído, pelo, memoria, ímpetu y hasta las ganas de salir de viaje.

Con el paso de los años te haces menos suspicaz a todos y a casi todo, nada te escandaliza, no esperas ningún milagro y sospechas que tu también morirás.

Con el paso de los años tienes cada vez menos sueño, más manías, más decepciones y miedos.

Con el paso de los años todo se deteriora: el mundos se viene abajo.

Mas no te preocupes esto sólo sucede con el paso de los años

La llegada del mal tiempo

MORIR

Morir no es volver a estar

a la misma hora

en los mismos lugares,

con las mismas personas.

No aparecer, cada mañana,

como esa gran luz nueva

disuelta entre las cosas;

dejar interrumpidos los trabajos,

los viajes en punto muerto.

Ajenos a los mares y a los astros.

Morir es estar quietos, sordos,

ciegos, mudos, desaparecidos,

desconectados de todos y de todo

de nosotros también;

no regresar a casa nunca más.

No emitir ya señales, recibirlas tampoco.

Morir es no volver.

Biografía de la muerte

Estrujo, con mis ojos los racimos de fuego

del portentoso luto que desgrana el crepúsculo

Frutos rojos relucen como semillas de astro

La voz de la mirada

He movido la noche para que cante el sol

Que laberinto la luz

Luz alud

De toda la luz del mundo

ALGUIEN ME DIO UNA VEZ UNA HERRADURA

Yo voy con su relincho a todas partes, los agujeros, los espumarajos, la extracción de la talla por el óxido, las crines de los clavos; las castañuelas que hubo en su pezuña, que nadie oye y a las que yo hablo; el !no! iracundo que escarba en su escarbar.

!Soy, la yegua de la tempestad en todos los caballos del oceáno!

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